¿Cómo detectar buenas ideas?

¿Cómo detectar buenas ideas?

En el día a día pasan por nuestra cabeza multitud de ideas… muchas de las cuales te parecen geniales desde el minuto uno, otras quizás no tanto y la mayoría de ellas te generarán dudas.  Es por eso que, en este post, te explicaré las características que definen una buena idea para que seas capaz de reconocerlas con el fin de evitar que las malas ideas puedan llevarte por el camino equivocado.

Las buenas ideas resuelven problemas

Una buena idea es aquella que resuelve un problema real de una manera efectiva. Puede resultar demasiado obvio, pero muchas ideas que parecen geniales e innovadoras en un principio, no logran resolver un problema significativo o, lo que es peor, acaban generando un problema mayor.

Analiza tus ideas e intenta evaluarlas desde diferentes perspectivas. No son pocas las ocasiones en que lo que una idea que parece ser una buena solución a un problema repercute a la larga en problemas aún mayores a los que resuelven.

En mi vida profesional he tenido (y he escuchado) miles de ideas. Muchas de ellas eran geniales, por ejemplo, desde el punto de vista del usuario. Realmente esas ideas resolvían problemas reales de la gente pero, por otro lado, cuando analizabas el modelo de negocio era más el dinero que salía de nuestros bolsillos que el que entraba, por lo que, lo que parecía que resolvía un problema en el fondo nos estaba generando un agujero en la cuenta de resultados.

Las buenas ideas son viables

Una buena idea no solo debe ser eficaz, sino también viable. Esto significa que debe ser posible implementarla dentro de las limitaciones del tiempo, presupuesto y recursos disponibles.

Algo que tienes que tener claro es que el tiempo y los recursos son dinero. La implementación de cualquier idea va a requerir de estas dos variables por lo que a la hora de decidir si apostar por una idea o no. Tienes que ser mínimamente consciente del tiempo y el dinero que va a costar implementarla.

Imagina que estás diseñando un nuevo producto para mejorar la comunicación en equipos remotos. Una mala idea podría ser una solución que, aunque creativa, sea demasiado complicada de implementar o que no se adapte bien a las herramientas ya existentes. Por otro lado, una buena idea sería una que integre de manera sencilla con las plataformas ya utilizadas, que sea fácil de usar y que efectivamente mejore la comunicación sin añadir complejidad innecesaria.

Las buenas ideas se ven sencillas (aunque no lo sean tanto)

Tengo una máxima que suele cumplirse casi siempre que es “a más sencillo le parece al usuario la solución más trabajo hay por debajo”. Las buenas ideas, sobre todo en la innovación tecnológica, pueden parecer muy sencillas pero, de ser así, es porque hay mucha inversión de tiempo y recursos en investigación y en desarrollo que lo que consiguen es apantallar la complejidad para hacerle llegar ese valor y simplicidad al cliente final.

Un ejemplo muy claro de esto puede ser tu teléfono móvil. Si echas la vista a atrás y analizas como eran los teléfonos móviles hace años y ves cómo son ahora no tienen nada que ver. A día de hoy un smartphone tiene prácticamente la capacidad y funcionalidad que un ordenador, una cámara de fotos, un router y (obviamente) un teléfono. A principios de siglo, cada uno de estos dispositivos era una línea de negocio en sí misma y, en la actualidad, puedes tener todo lo bueno que ofrecían cada uno de esos dispositivos en la palma de tu mano.

Las buenas ideas aportan valor

Una buena idea aporta valor, no sólo por resolver un problema si no porque hay aspectos que la pueden hacer única y deseable para la gente. En ocasiones, el valor no viene dado por la solución a un problema desde una perspectiva funcional si no porque hay algo de esa idea que hace que la sientas única.

Un producto o servicio puede aportar valor por su experiencia de usuario, por cómo te hace sentir, por su precio, por su servicio de atención al cliente, porque lo sientes más exclusivo, por la calidad de sus materiales… No caigas en pensar en que todo está inventado, siempre puedes innovar y aportar valor con algo que ya existe haciéndolo único y deseable.

Un ejemplo muy claro de esto es el iPhone o, en general, todo lo que tenga que ver con Apple. A nivel funcional teléfonos móviles u ordenadores hay cientos de miles en el mercado, pero un iPhone o un MacBook siempre son percibidos como productos que aportan un valor diferencial por su calidad y exclusividad.

Las buenas ideas son deseables

No conozco a nadie que rechace una buena idea que le resuelve un problema y le aporte valor en su día a día. Si rechazan esas ideas puede ser por razones como su precio, que quizás no cubran las expectativas del público al que te diriges o que, directamente, el público al que te diriges no sea el público objetivo al que deberías de vender tu idea.

Las buenas ideas son valoradas y validadas por el público objetivo al que van dirigidas, por lo que una buena idea, puede no serlo en un contexto concreto dado que, en ese sector no se encuentre su público objetivo al que se dirige o porque haya que mejorar ciertos aspectos para adaptarla al mercado.

Las buenas ideas surgen de las escucha activa

Las buenas ideas surgen de una comprensión profunda de las necesidades y deseos de la gente. Para ello, es fundamental realizar investigaciones, entrevistas y pruebas con prototipos antes de comprometerse por completo con el desarrollo de esa idea que te tiene entusiasmado.

Es crucial que expongas tus ideas a la gente, no tengas miedo por ello, algunos las rechazarán, otros las aceptarán y habrá personas que te ayudarán a perfilarlas. Lo importante es que des el paso de exponer tus ideas y… cuanto antes mejor, te ahorrará muchos esfuerzos y consumo de recursos innecesarios.

Un ejemplo clásico es el desarrollo de productos que nadie pidió o que no solucionan ningún problema evidente. Estas son malas ideas que a menudo surgen por no haber escuchado al usuario final. En contraste, una buena idea está respaldada por datos concretos que indican que existe una demanda real y una necesidad clara de la solución propuesta.

Las buenas ideas requieren de tiempo paciencia y cuidado en los detalles

Hay personas que no tienen la paciencia suficiente para desarrollar y refinar una idea. Las buenas ideas son como una planta que tienes que ir regando y podando con cariño en el día a día.

No esperes que tu primera idea sea la gran idea que solucione el mundo. Ni tan siquiera lo primero que pongas en el mercado tiene por que ser ya el producto definitivo que tienes tú en tu cabeza. Por desgracia las buenas ideas, en muchas ocasiones, están reñidas con el tiempo, el dinero, los objetivos empresariales, tu jefe…

Poder llevar una idea a cabo requiere de creatividad e inteligencia no sólo para concebirla si no para poder lidiar con los inconvenientes que te encontrarás en el camino a construir tu visión de producto. Para ello puedes ayudarte de construir un roadmap para tu idea en el que puedas plantearte mejoras incrementales de tu producto o servicio que vayan aportando valor y resultados en el camino hasta conseguir que tu visión sea una realidad.

Las buenas ideas no lo son en teoría, lo son también en la práctica

Como habrás visto, las buenas ideas son aquellas que resuelven problemas, aportan valor, surgen de las necesidades de la gente y son viables en tiempo y recursos. De nada te servirá tener una idea genial que sólo compres tú.

Es fundamental para cualquier empresa o emprendedor innovar pero, lo es aún más, poder diferenciar las buenas ideas de las malas.

Tampoco es sencillo llevar las ideas de la teoría a la práctica para ello se requiere una pizca de riesgo, un poco de paciencia y, lo más importante, un plan de acción que permita aportar valor en el camino. Es por esto que el diseño de producto puede ser un perfil o una metodología que te ayude a transformar tus buenas ideas en grandes realidades.

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2024-10-12
David Muñoz Guardia
David Muñoz Guardia
Experto en Diseño de Producto e Innovación con más de 20 años de experiencia, aplicando el Design Thinking y la creatividad para lograr resultados de negocio.

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