Abracadabra (2017): la comedia negra de Pablo Berger que zarandea al barrio de Carabanchel
El cine español contemporáneo busca constantemente el equilibrio entre la tradición costumbrista y la audacia formal. En este panorama se inscribe con firmeza una de las propuestas más singulares de la cosecha cinematográfica reciente. Cuando una obra decide transitar por los márgenes de la comedia negra sin renunciar al desconcierto fantástico, el resultado suele ser imprevisible. Esta película dirigida por Pablo Berger aborda una premisa insólita que sacude los cimientos de la vida cotidiana en Madrid.
¿Cómo plantea Pablo Berger la dirección en Abracadabra?
La dirección de Pablo Berger destaca por su valentía a la hora de fusionar registros aparentemente irreconciliables. El realizador demuestra un pulso firme para modular el tono, evitando que el relato bascule de manera caótica entre el humor más reconocible y el desconcierto sobrenatural. Lejos de buscar un realismo gris, la puesta en escena abraza una estilización muy particular que impregna cada plano de una atmósfera asfixiante y a la vez fascinante. La mirada del director no juzga a sus personajes; los observa con una mezcla de afecto y distancia irónica que enriquece el visionado desde los primeros minutos.
El pulso narrativo se sostiene gracias a una puesta en escena milimétrica donde la dirección artística y la iluminación juegan un papel fundamental. Berger traslada al espectador a un entorno reconocible para transformarlo paulatinamente en un escenario donde cualquier cosa puede suceder. Esta evolución visual se ejecuta con paciencia, permitiendo que la extrañeza impregne el día a día sin estridencias innecesarias, consolidando así el universo propio del cineasta tras sus anteriores trabajos.
¿De qué trata el guion y cómo funciona la premisa de Abracadabra?
El punto de partida argumental arranca cuando Carmen, un ama de casa del barrio madrileño de Carabanchel interpretada por Maribel Verdú, descubre un día que su marido, Carlos, encarnado por Antonio de la Torre, parece estar poseído por un espíritu maligno. A partir de ese momento, el libreto despliega una exhaustiva investigación, entre terrorífica y disparatada, para intentar recuperarlo. El guion maneja con habilidad los tempos de la intriga doméstica y la farsa costumbrista.
La escritura del propio Berger construye situaciones que rozan el absurdo pero que encuentran su anclaje emocional en las dinámicas de pareja y en las convenciones sociales. El humor negro brota de forma natural de las contradicciones de unos personajes atrapados en una rutina que se desmorona. Sin recurrir a efectismos facilones, el texto plantea lecturas sobre la convivencia, la identidad y los roles preestablecidos, manteniendo el interés del espectador a lo largo de toda la delirante pesquisa.
¿Cómo valoramos las interpretaciones del reparto en Abracadabra?
El peso dramático y cómico recae sobre un elenco en estado de gracia que comprende perfectamente el tono requerido. Maribel Verdú encarna a Carmen con una mezcla de vulnerabilidad, determinación y hartazgo que resulta absolutamente cercana. Su capacidad para anclar el relato a la realidad emocional impide que el componente fantástico descarrile, convirtiendo su viaje personal en el auténtico motor de la historia.
Frente a ella, Antonio de la Torre ofrece una interpretación camaleónica y arriesgada como Carlos, transitando con solvencia por los drásticos cambios que exige la supuesta posesión. La química entre ambos actores principales vertebra el conflicto central del filme. Asimismo, la participación de José Mota aporta una vis cómica muy integrada en el tejido del barrio, mientras que Quim Gutiérrez completa un reparto coral que equilibra con acierto los momentos de mayor tensión y los instantes de comedia más desatada.
¿Cómo es la puesta en escena y el contexto madrileño en Abracadabra?
La ambientación madrileña constituye mucho un mero telón de fondo; es un personaje más que condiciona el comportamiento y las aspiraciones de los protagonistas. El barrio de Carabanchel se retrata con una textura visual muy concreta, donde conviven la grisalla urbana y el costumbrismo más castizo. La dirección de fotografía y el diseño de producción logran capturar esa esencia tan particular sin caer en tópicos excesivos, dotando al espacio físico de una relevancia dramática incuestionable.
Este cuidado por el detalle escenográfico refuerza la propuesta estética del director. Cada espacio interior, desde los pisos modestos hasta los salones de celebración, refleja la psicología de quienes los habitan. La mezcla de elementos cotidianos con la irrupción de lo insólito genera un contraste visual muy potente que define la personalidad única de la película dentro del panorama audiovisual español de ese año.
¿Cuál fue la recepción y qué lugar ocupa Abracadabra en el cine español?
Desde su estreno comercial, la película generó debate entre crítica y público debido a su naturaleza inclasificable. La acogida reflejó la dificultad y el atractivo de proponer un humor tan negro y bizarro dentro de los cauces de la producción industrial en España. Los analistas destacaron especialmente el riesgo asumido al combinar géneros tan dispares como la comedia costumbrista y el cine de posesiones.
Con el paso del tiempo, esta obra se consolida como un eslabón muy interesante dentro de la trayectoria de su autor y del cine de género hecho en el país. Su capacidad para remover las expectativas del espectador y sacudir las fórmulas tradicionales de la comedia demuestra que el cine español contemporáneo sigue explorando nuevos caminos discursivos y visuales con notable valentía.

