Ellos y ellas (1955): el clásico musical donde Marlon Brando y Frank Sinatra se juegan el amor a los dados
Adentrarse en el visionado de este largometraje supone viajar directamente a una época dorada de la gran pantalla donde el género musical y la comedia criminal caminaban de la mano bajo los focos de Hollywood. La adaptación cinematográfica de una célebre obra teatral de Broadway prometía un espectáculo mayúsculo gracias a una premisa argumental verdaderamente singular y a un trasfondo literario con solera. Basada en un relato de un indiscutible maestro de la literatura picaresca norteamericana, la propuesta combina los bajos fondos neoyorquinos con la picardía más elegante.
El punto de partida argumental sitúa al espectador en el centro de las partidas clandestinas de dados más selectas de la gran ciudad. Nathan Detroit, encarnado por un carismático Frank Sinatra, busca desesperadamente un lugar fijo donde continuar con su lucrativo negocio de apuestas ilegales. Para conseguir financiación, acepta una arriesgada apuesta de mil dólares propuesta por otro jugador de altura, interpretado por Marlon Brando. El reto consiste en lograr enamorar a una joven puritana que milita en el Ejército de Salvación, personaje al que da vida Jean Simmons, en una trama donde el romance y la picaresca se entrelazan de forma constante.
¿Cómo plantea Joseph L. Mankiewicz la dirección en Ellos y ellas?
La labor tras las cámaras recayó sobre un cineasta de prestigio indiscutible, célebre por su maestría con los diálogos y la dirección de actores. En este proyecto, el realizador aborda el reto mayúsculo de trasladar las convenciones teatrales al lenguaje cinematográfico sin perder la esencia canalla y colorista del material original. Su enfoque se aleja del mero registro estático para buscar un dinamismo visual constante, aunque siempre respetando el tono coral y la naturaleza episódica de los bajos fondos que retrata.
La puesta en escena destaca por una estilización muy marcada que recrea una Nueva York de estudio, tan artificial como fascinante. Los números musicales se integran dentro de la narrativa buscando el equilibrio entre la grandiosidad escénica y la cercanía de los personajes. El pulso del cineasta se percibe en la capacidad para mantener el ritmo de la comedia criminal, equilibrando los momentos de mayor tensión económica con los instantes dedicados al cortejo romántico. Aunque el peso del género musical exigía una flexibilidad inusual en su filmografía, la pericia técnica queda patente en cada transición.
¿Funciona el guion basado en la literatura de Damon Runyon en Ellos y ellas?
El libreto bebe directamente del universo de Damon Runyon, un autor fundamental para comprender la picaresca americana del siglo XX. Sus textos se caracterizan por una galería de truhanes, tahúres y gánsteres de buen corazón que se expresan con un lenguaje muy particular, lleno de circunloquios y una formalidad lingüística que choca divertidamente con sus actividades delictivas. Este tono agudo y socarrón constituye uno de los mayores alicientes de la propuesta narrativa.
En el terreno cinematográfico, el guion preserva esa atmósfera tan particular donde el crimen y la comedia conviven de manera armónica. La tensión dramática se sostiene sobre un engranaje clásico de enredos y apuestas imposibles. A pesar de los inevitables recortes y adaptaciones necesarios para la gran pantalla, la esencia de los personajes marginales pero entrañables se mantiene intacta, ofreciendo un reflejo literario poco habitual dentro de las producciones musicales de gran presupuesto de mediados de siglo.
¿Qué aportan Marlon Brando, Frank Sinatra, Jean Simmons y Vivian Blaine en el apartado interpretativo?
El reparto principal constituye uno de los mayores atractivos de la producción, reuniendo a talentos de procedencias y registros muy diversos. Marlon Brando asume el reto de cantar y bailar en un género que le era ajeno, aportando una intensidad magnética y un sentido del humor sutil a su apostador profesional. Su química con el resto del elenco aporta una dimensión inesperada a un personaje que, sobre el papel, podría haber resultado unidimensional.
Por su parte, Frank Sinatra encaja como un guante en la piel de Nathan Detroit, un organizador de partidas acorralado por los problemas económicos y por la paciencia inagotable de su eterna prometida. La actriz Vivian Blaine, que ya había triunfado en los escenarios con el mismo rol, inyecta una energía cómica arrolladora como la sufrida pareja del tahúr. Completa este cuarteto estelar Jean Simmons, cuya delicadeza y rigor dramático otorgan credibilidad a la puritana del Ejército de Salvación, logrando una evolución creíble dentro del romance central.
¿Cómo destaca la puesta en escena y el diseño de producción en Ellos y ellas?
La recreación visual del universo picaresco se apoya de manera decisiva en un diseño de producción colorista y ambicioso. Los decorados de estudio buscan deliberadamente una estilización pictórica que recuerda a las ilustraciones de la época, distanciándose del realismo sucio para abrazar la fantasía propia del vodevil y el musical. Las calles de la gran ciudad, los callejones oscuros y los locales clandestinos se construyen con una paleta cromática muy viva.
El trabajo de vestuario y la dirección de fotografía complementan esta atmósfera de cuento urbano para adultos. Cada número musical aprovecha el espacio escénico para coreografiar el movimiento de coristas y figurantes con una precisión milimétrica. Aunque en ocasiones la rigidez de los decorados teatrales evidencia su origen escénico, la propuesta visual compensa con creces estas limitaciones mediante un despliegue estético que celebra el artificio cinematográfico con desparpajo.
¿Cuál es el contexto y la recepción histórica de Ellos y ellas?
El estreno de la película se produjo en un momento de plena ebullición para la industria cinematográfica estadounidense, que competía directamente con la expansión de la televisión ofreciendo grandes espectáculos en color y pantalla grande. El éxito previo de la obra en Broadway garantizaba un interés masivo por parte del público, convirtiendo la traslación a la gran pantalla en uno de los acontecimientos culturales más comentados del año.
En el plano de la recepción, la crítica y el público general valoraron el esfuerzo de reunir a semejante constelación de estrellas y la fidelidad al espíritu festivo del material original. Si bien algunos sectores especializados señalaron la dificultad de algunos intérpretes con las exigencias del canto y la danza, el tiempo ha tratado con benevolencia a esta comedia romántica y criminal. Hoy en día, se la recuerda como un testimonio fascinante de una época donde los estudios apostaban por grandes formatos corales capaces de fusionar géneros aparentemente opuestos con una elegancia inigualable.

