Geostorm (2017): cuando la catástrofe climática se convierte en pura evasión
El cine de catástrofes siempre ha ocupado un lugar muy particular en la cartelera comercial. La promesa de ver la destrucción de las grandes metrópolis desde la butaca funciona como un imán para el público que busca emociones fuertes sin complicaciones. En el año 2017, la gran pantalla recibió una propuesta que llevaba esta fórmula al extremo del exceso tecnológico. Hablamos de una superproducción que mezclaba el cine de acción más aparatoso con elementos de suspense político y ciencia ficción de brocha gorda. Lejos de la pretensión artística, la cinta se presentaba como un artefacto palomitero dispuesto a desafiar la lógica científica en favor del puro entretenimiento visual.
¿De qué trata el argumento de Geostorm y cuál es su premisa?
La trama arranca en un futuro cercano donde la humanidad ha conseguido controlar el clima gracias a una red global de satélites. Sin embargo, el sistema sufre un fallo en cadena devastador que amenaza con destruir la Tierra mediante una tormenta artificial de proporciones épicas. Para solucionar esta crisis climática global, un ingeniero diseñador de satélites se ve obligado a formar equipo con su hermano, con quien mantiene una relación distante desde hace años. Mientras uno debe viajar al espacio para intentar arreglar el desastre técnico, en la superficie terrestre se está gestando un peligroso complot político para asesinar al presidente de Estados Unidos. Esta doble vertiente narrativa intenta mantener al espectador en vilo combinando el peligro espacial con el thriller gubernamental.
¿Cómo plantea Dean Devlin su labor detrás de las cámaras?
La dirección de este ambicioso proyecto corrió a cargo de un cineasta curtido en el género del blockbuster de destrucción masiva. Detrás de las cámaras se apostó por una puesta en escena directa, muy dinámica y claramente orientada a potenciar el impacto visual de cada secuencia de acción. El ritmo inicial busca la eficacia comercial, aunque la acumulación de tramas paralelas a veces frena la tensión dramática que requiere una crisis global. La dirección confía plenamente en la pirotecnia visual para sostener el interés, dejando en un segundo plano la construcción de una atmósfera verdaderamente agobiante. El resultado es un ejercicio de artesanía industrial donde el pulso narrativo se resiente ante la necesidad constante de mostrar destrucción a gran escala.
¿Funciona el guion al mezclar ciencia ficción, acción y suspense?
El libreto asume desde el primer minuto su condición de producto formulaico, apoyándose en lugares comunes del cine de aventuras y del thriller político. La combinación de una catástrofe meteorológica global con una conspiración al más alto nivel en la Casa Blanca resulta excesivamente rocambolesca. Los diálogos cumplen una función meramente expositiva, explicando constantemente los riesgos tecnológicos para que ningún espectador se pierda. La tensión entre los hermanos protagonistas intenta aportar una capa de profundidad emocional y familiar, pero queda diluida entre tanto efectismo digital y carreras contrarreloj. A pesar de sus evidentes costuras narrativas, el guion mantiene una estructura comprensible que avanza sin pausas hacia su previsible resolución.
¿Qué aportan Gerard Butler y el resto del reparto a Geostorm?
El peso interpretativo recae sobre rostros muy conocidos del cine comercial, encabezados por un solvente Gerard Butler en el papel del ingeniero protagonista. Su presencia aporta el carisma físico necesario para lidiar con situaciones límite tanto en el espacio exterior como en tierra firme. A su lado encontramos a actores de la talla de Jim Sturgess, interpretando al hermano con el que debe reconciliarse, y a intérpretes como Alexandra Maria Lara y Abbie Cornish, que completan el núcleo principal de personajes. El trabajo del elenco se mueve entre la correcta profesionalidad y la necesidad de recitar frases tópicas con total convicción. Ninguno de ellos busca la sutileza dramática, optando por encarnar arquetipos reconocibles que encajan sin fricciones en el tono general de la película.
¿Cómo se traduce la puesta en escena y el despliegue visual?
En el apartado visual, la producción despliega un cuantioso esfuerzo técnico para recrear la furia de la naturaleza desatada por todo el planeta. Las secuencias que muestran el colapso climático en diferentes ciudades destacan por su barroquismo digital y por una escala monumental. La dirección de fotografía y el diseño de producción buscan la grandilocuencia, saturando la pantalla con efectos especiales que ocupan un lugar central en la experiencia cinematográfica. Aunque algunos entornos digitales muestran las costuras propias de este tipo de presupuestos, la puesta en escena cumple holgadamente con su cometido principal: ofrecer un espectáculo visual estruendoso y diseñado para salas de cine equipadas con la última tecnología de sonido.
¿Cuál fue el contexto de su estreno y cómo la recibió la crítica?
Su llegada a las salas se produjo en un momento donde el público parecía mostrar cierta fatiga hacia las fórmulas más repetitivas del cine de catástrofes tradicional. La crítica especializada recibió el título con escepticismo, señalando su falta de rigor científico y lo previsible de sus tramas argumentales. Sin embargo, en el plano comercial, la película logró conectar con una parte de la audiencia internacional que acudía a las salas buscando exactamente lo que la cinta prometía: evasión sin pretensiones. Con el paso del tiempo, este tipo de propuestas se han consolidado como un claro exponente de un cine de estudio que prioriza el consumo rápido frente a la permanencia en la memoria colectiva.
¿Vale la pena acercarse hoy a Geostorm?
Acercarse a este título implica asumir un pacto tácito con sus creadores: apagar el sentido crítico y dejarse llevar por el absurdo de sus situaciones. No estamos ante una obra maestra del género de ciencia ficción ni ante un referente del suspense moderno, sino ante un pasatiempo honesto con sus limitaciones. Quienes disfruten con el cine de destrucción masiva y las tramas conspiranoicas de sobremesa encontrarán aquí un producto idóneo para una tarde de desconexión. En definitiva, una propuesta que cumple con lo justo y necesario para entretener a quienes buscan emociones fuertes sin exigir demasiada coherencia narrativa al celuloide.

