Lisa Frankenstein: Una comedia romántica de terror adolescente que revive los años ochenta con una mirada muy particular
El cine fantástico y de género siempre ha encontrado en la adolescencia el caldo de cultivo perfecto para explorar la extrañeza, el aislamiento y el despertar sentimental. Cuando una propuesta decide abrazar la estética de una época concreta sin pedir permiso ni disculpas, el resultado suele basarse tanto en la nostalgia como en la reinterpretación de los arquetipos clásicos. En este contexto se estrena en 2024 esta particular historia que mezcla elementos oscuros con un sentido del humor muy específico, invitando al espectador a adentrarse en una propuesta arriesgada que no deja indiferente a nadie.
La trama nos sitúa en el año 1989 para presentarnos a una joven de instituto que no encaja con los cánones de popularidad de su entorno. La soledad y la incomprensión marcan su día a día hasta que, durante una violenta tormenta eléctrica, un extraño suceso la lleva a reanimar por accidente a un apuesto cadáver victoriano. A partir de ese momento, la protagonista decide utilizar los recursos que tiene a su alcance, incluyendo una cama de bronceado rota situada en su garaje, para reconstruir a su manera al hombre de sus sueños. Este punto de partida sirve como motor para una narración que transita libremente entre el terror fantástico, la comedia negra y el romance más estrafalario.
¿Cómo plantea Zelda Williams su propuesta cinematográfica en Lisa Frankenstein?
La dirección de la película corre a cargo de Zelda Williams, quien asume el reto de dar forma visual y narrativa a un libreto cargado de referencias estéticas y culturales. Su enfoque destaca por una marcada voluntad de estilo, donde la atmósfera ochentera se impregna de colores saturados, texturas granuladas y una iluminación artificial que recuerda inevitablemente al cine de culto de aquella década. La cineasta demuestra un pulso firme a la hora de equilibrar los tonos, evitando que el componente truculento sature el relato o que la comedia romántica disuelva por completo la negrura de la premisa.
Lejos de buscar un realismo gris, la puesta en escena apuesta por la estilización y el artificio. Los decorados, el vestuario y la banda sonora funcionan como piezas de un engranaje concebido para recrear una época idealizada a través de un filtro gótico y colorido. Esta apuesta estética dota a la obra de una personalidad muy reconocible, aunque también exige por parte del espectador una cierta complicidad para aceptar las convenciones de un universo donde lo macabro y lo cotidiano conviven con total naturalidad.
¿De qué manera funciona el guion y el humor negro en Lisa Frankenstein?
El texto escrito bebe directamente de la tradición de los relatos de monstruos clásicos pero pasados por el tamiz de la sensibilidad moderna y el humor absurdo. El contraste entre la rigidez temporal de un cadáver procedente de la era victoriana y la superficialidad del instituto estadounidense de finales de los ochenta genera situaciones cómicas basadas en el malentendido y la transgresión de las normas sociales. El guion no busca la sutileza, sino que prefiere apoyarse en la hipérbole y en el esperpento para construir su particular discurso sobre el afecto y la aceptación.
A pesar de su naturaleza desenfadada, el relato plantea lecturas interesantes sobre la marginación juvenil y la pulsión de muerte entendida como un refugio frente a un mundo hostil. La convivencia entre la protagonista y su inesperada pareja sentimental se desarrolla a través de interacciones donde el diálogo deja paso con frecuencia a la comunicación física y gestual. Esto permite que la comedia funcione sin necesidad de explicar constantemente las reglas fantásticas que ruegen este universo, manteniendo un ritmo ágil que favorece la inmersión del espectador en la propuesta.
¿Qué aportan Kathryn Newton y Cole Sprouse al centro de Lisa Frankenstein?
El peso dramático y cómico descansa de manera casi absoluta sobre los hombros de su pareja protagonista. Kathryn Newton encarna a la joven incomprendida aportando una mezcla de fragilidad emocional y excentricidad contenida. Su capacidad para expresar el dolor de la pérdida y la extrañeza de su situación sin perder el carisma resulta fundamental para sostener el tono de la película. A su lado, Cole Sprouse se enfrenta al complejo reto de interpretar a un personaje casi carente de diálogo verbal, un cadáver resucitado que debe comunicarse mediante gestos, miradas y una fisicidad muy marcada.
La química entre ambos intérpretes se convierte en el motor emocional que evita que la historia se derrumbe en el mero ejercicio de estilo. La relación evoluciona desde el desconcierto inicial hasta una extraña complicidad romántica que desafía las convenciones del género. El trabajo del reparto secundario, que incluye la participación de intérpretes como Liza Soberano y Henry Eikenberry, complementa adecuadamente este universo particular, aportando las dosis necesarias de contraste generacional y dinámicas típicas del entorno escolar que ayudan a contextualizar el aislamiento de la protagonista.
¿Cómo ha sido la recepción y el contexto de estreno de Lisa Frankenstein?
El estreno de la película ha generado un debate interesante entre la crítica especializada y los aficionados al cine de género. Al tratarse de una obra con una identidad visual muy marcada y un sentido del humor que bascula entre lo tierno y lo macabro, las opiniones han reflejado la dificultad de clasificarla dentro de parámetros tradicionales. Mientras que algunos sectores han valorado positivamente su frescura, su valentía estética y su capacidad para conectar con el público joven a través de códigos contemporáneos, otros han señalado las costuras de un guion que en ocasiones prioriza el gag visual frente a la profundidad narrativa.
El contexto actual de la industria, muy dado a la recuperación de estéticas retro y a la hibridación de géneros, ha propiciado que esta propuesta encuentre un hueco singular en la cartelera. No estamos ante una superproducción destinada a arrasar en la taquilla global, sino ante una obra con vocación de convertirse en título de culto con el paso de los años, apreciada especialmente por aquellos espectadores que disfrutan con las rarezas cinematográficas y las revisiones góticas del cine adolescente.
¿Por qué merece la pena acercarse a Lisa Frankenstein?
En definitiva, la película ofrece un viaje estimulante para quienes busquen propuestas que huyan de la fórmula convencional y abracen el riesgo creativo. Su mezcla de terror, comedia y romance adolescente, unida a una dirección artística muy cuidada y a unas interpretaciones entregadas a la causa, configura un título que merece ser valorado más allá de sus irregularidades. Sin reinventar la rueda del fantástico, sabe cómo imprimir carácter a una premisa extravagante, demostrando que el cine de género aún tiene espacio para la sorpresa y el descaro visual en manos de nuevas voces autorales.

