Venus (2022): ¿El nuevo icono del terror patrio o un descenso sin frenos a la periferia madrileña?
El cine de género en España siempre ha transitado por una cuerda floja muy particular. Por un lado, existe una ambición constante por emular los códigos del fantástico internacional. Por otro, late una necesidad imperiosa de arraigar esas pesadillas en el asfalto más cotidiano. En este delicado equilibrio se mueve la propuesta que hoy nos ocupa, un filme que aterrizó en las salas con la vitola de recuperar el pulso más visceral del cine de terror nacional. La taquilla y los certámenes especializados marcaron su camino comercial, situándola en el centro de todas las conversaciones cinéfilas de su temporada de estreno.
Adentrarse en esta historia implica aceptar un pacto con lo sórdido desde el primer minuto. La trama sigue los pasos desesperados de Lucía, una bailarina de discoteca que huye con un botín y busca refugio en un bloque de pisos tan decadente como intimidante. Allí malvive su hermana Rocío junto a su pequeña hija Alba. Lo que debería ser un escondite temporal se transforma rápidamente en una ratonera asfixiante. Las esquinas oscuras de este complejo residencial madrileño ocultan secretos ancestrales y presencias que desafían cualquier lógica racional, obligando a los personajes a luchar por una supervivencia que parece imposible.
¿Cómo se articula la dirección en Venus y qué aporta al cine de género actual?
Detrás de la cámara encontramos a una de las figuras más respetadas del fantástico español contemporáneo. Su mirada impregna cada plano de una urgencia palpable, demostrando un dominio absoluto del tempo narrativo y de la tensión espacial. Lejos de buscar la estilización preciosista, la puesta en escena opta por la claustrofobia pura. Cada pasillo del edificio, cada escalera de caracol y cada puerta metálica se convierten en elementos opresivos que atenazan al espectador.
El realizador diseña un ejercicio de estilo donde la cámara respira al mismo ritmo sofocante que sus protagonistas. La atmósfera se construye a fuego lento, priorizando la incomodidad visual sobre el sobresalto fácil. Aunque el tramo central experimenta ciertos baches de ritmo propios de este tipo de producciones híbridas, la solvencia visual sostiene el interés. La forma en que se encuadra la decadencia urbana conecta directamente con las inquietudes del mejor terror urbano, demostrando que el miedo más eficaz a menudo acecha justo al lado de nuestra puerta.
¿Cumple el guion de Venus con las expectativas del suspense y el drama?
El libreto transita por una delgada línea entre el drama social de extrarradio y el terror sobrenatural más puro. Sobre el papel, la premisa de la huida criminal mezclada con mitologías oscuras resulta sugerente y cargada de potencial dramático. Sin embargo, en la práctica, la amalgama de géneros sufre algunos desajustes en la transición de su primer acto al nudo principal.
Los diálogos cumplen con creces su función de anclar a los personajes en una realidad precaria, aunque en ciertos momentos la exposición de los mitos se siente algo apresurada. Las costuras del relato asoman cuando el suspense criminal cede todo el protagonismo al componente fantástico. A pesar de estos altibajos argumentales, el guion acierta al mantener el foco en la vulnerabilidad de sus figuras principales, dotando de carne y hueso a un libreto que, de otro modo, se habría quedado en un simple divertimento macabro.
¿Cómo defienden Ester Expósito y el resto del reparto los personajes de Venus?
El peso dramático recae casi por completo sobre los hombros de su actriz principal, un rostro muy popular que aquí asume un desafío físico y emocional de considerable envergadura. Su interpretación de Lucía huye del glamour para abrazar el agotamiento, el miedo visceral y la furia contenida de quien no tiene absolutamente nada que perder. La fisicidad que aporta en las secuencias de huida y enfrentamiento resulta de lo más convincente, anclando el dolor del personaje en gestos secos y miradas esquivas.
El trabajo coral se completa con solvencia gracias a las aportaciones de Ángela Cremonte, Inés Fernández y Magüi Mira. Cada una de ellas encarna diferentes facetas de la maternidad, el miedo y la resistencia dentro de ese ecosistema hostil. Las dinámicas familiares aportan una capa de tensión muy necesaria, logrando que los momentos de calma tensa funcionen igual de bien que las secuencias de pura adrenalina y violencia explícita.
¿Qué lugar ocupa Venus dentro del panorama del terror español contemporáneo?
La recepción crítica y comercial de la película reflejó la división de opiniones habitual ante las propuestas que arriesgan en la mezcla tonal. Mientras sectores del público aplaudieron la valentía de llevar el fantástico hacia territorios habitualmente ignorados por el cine patrio, otros echaron en falta una mayor cohesión en su recta final. No estamos ante una obra maestra indiscutible, pero sí ante un título que enriquece el debate sobre las formas de hacer cine de género en España.
En definitiva, la película consolida la vigencia de un imaginario propio donde lo cotidiano se corrompe de manera inevitable. Su capacidad para generar momentos de auténtica inquietud demuestra que el talento técnico sigue intacto. Quienes se acerquen buscando una experiencia intensa y sin concesiones hallarán en este bloque de pisos madrileño un viaje tan turbio como estimulante, ideal para los amantes de las emociones fuertes y el cine de autor con vocación popular.

