Wicked, Wicked (1973): El experimento cinematográfico en pantalla partida que desafió los límites del giallo americano
¿Qué propone Wicked, Wicked y por qué su formato visual divide a los espectadores?
Adentrarse en el visionado de Wicked, Wicked supone aceptar unas reglas de juego estéticas muy particulares desde el primer minuto. La propuesta del director Richard L. Bare consiste en narrar toda la trama utilizando la técnica de la pantalla partida o split screen de manera continuada. Lejos de emplear este recurso de forma puntual para simular llamadas telefónicas o acciones paralelas convencionales, el filme mantiene los dos fotogramas simultáneos durante su metraje completo. Esta decisión formal convierte cada secuencia en un ejercicio de atención constante para el espectador, que debe decidir conscientemente dónde fijar la mirada.
La ambición de este largometraje de 1973 dentro de los géneros de terror, crimen, drama y misterio radica en intentar trasladar la tensión propia del thriller a un entorno visualmente saturado. Mientras en una mitad de la pantalla se nos muestra al antagonista acechando en los pasillos de un viejo hotel junto a la costa, la otra mitad puede seguir la actividad despreocupada de las futuras víctimas. Esta disposición genera una atmósfera claustrofóbica muy concreta, donde el suspense se construye a través de la anticipación geográfica. Sin embargo, este planteamiento tan arriesgado también provoca que la tensión dramática se diluya en ocasiones, ya que la atención del público se dispersa inevitablemente entre ambas mitades del encuadre.
¿Cómo maneja Richard L. Bare la dirección y la puesta en escena en Wicked, Wicked?
El trabajo de Richard L. Bare tras la cámara merece un análisis prudente, pues manejar la pantalla partida sin caer en el caos absoluto requiere una planificación milimétrica. Cada plano doble exige que la acción, la iluminación y el movimiento de cámara dialoguen constantemente entre ambas mitades. En los mejores momentos de Wicked, Wicked, el cineasta logra crear un paralelismo visual fascinante que juega con la ironía dramática y el desconcierto del misterio.
La puesta en escena se aprovecha de las características arquitectónicas de un gran complejo turístico junto al mar para asentar la intriga criminal. Los pasillos laberínticos, las zonas de servicio y las habitaciones vacías del hotel se convierten en los escenarios idóneos para este despliegue técnico. No obstante, la dirección tropieza a veces con la propia rigidez del formato. Mantener el split screen de forma ininterrumpida acaba resultando agotador para la vista, restando efectividad a los momentos de mayor terror. Lo que sobre el papel se presentaba como una innovación formal audaz, en la práctica se transforma en un corsé visual que limita la respiración de la puesta en escena y la fluidez del drama.
¿Qué ofrece el guion y el misterio criminal en Wicked, Wicked?
El apartado narrativo de Wicked, Wicked se mueve entre los códigos del misterio clásico y las dinámicas del cine de crímenes y suspense. Al no contar con una sinopsis oficial compleja, el argumento se sustenta en la persecución y el acoso dentro del recinto hotelero, manteniendo una estructura de thriller psicológico. La investigación y las incógnitas que rodean los crímenes se desarrollan de manera directa, priorizando la tensión ambiental por encima de los giros de guion enrevesados.
El principal desafío del libreto radica en sostener el interés del espectador cuando la narrativa visual ya está absorbiendo gran parte del esfuerzo cognitivo. En este sentido, el drama humano a menudo queda relegado a un segundo plano frente al despliegue técnico de la pantalla partida. Los elementos de misterio funcionan de forma correcta dentro de las convenciones del terror de la época, pero el guion no profundiza demasiado en las motivaciones profundas de sus personajes. El resultado es una trama funcional que sirve principalmente como soporte para el experimento estético ideado por el equipo de producción.
¿Cómo responden las interpretaciones del reparto en Wicked, Wicked?
El elenco de Wicked, Wicked, integrado por nombres como David Bailey, Tiffany Bolling, Randolph Roberts y Scott Brady, se enfrenta a un desafío interpretativo inusual. Actuar en un contexto donde la pantalla se divide constantemente obliga a los intérpretes a modular su lenguaje corporal y sus expresiones para destacar en un espacio reducido. En muchos casos, los actores deben transmitir vulnerabilidad o amenaza con la mitad del campo visual habitual, lo que incrementa la dificultad técnica de sus labores dramáticas.
David Bailey y Tiffany Bolling encabezan un reparto que cumple con solvencia los requisitos del cine de género de los años setenta, aportando la tensión y la urgencia que el argumento demanda. Por su parte, Scott Brady y Randolph Roberts complementan el entramado dramático aportando solidez a las dinámicas de investigación y misterio que se desarrollan en el hotel. Ninguna de las interpretaciones busca la sutileza debido a las exigencias del formato visual, optando en su lugar por un registro más físico y directo que encaja con los parámetros del terror y el crimen de aquel período cinematográfico.
¿Cuál es el contexto de producción y la recepción histórica de Wicked, Wicked?
Para comprender el lugar que ocupa Wicked, Wicked dentro de la historia del cine, es necesario observar el contexto de la industria a principios de la década de los setenta. El séptimo arte vivía una época de experimentación formal y flirte con innovaciones tecnológicas y visuales, buscando nuevas formas de atraer al público a las salas frente a la creciente competencia de la televisión. En este marco, la decisión de rodar un largometraje íntegramente en pantalla partida representaba un intento genuino de ofrecer una experiencia única, emparentada de algún modo con el impacto de los trucajes ópticos tradicionales.
Históricamente, la recepción de la película se ha caracterizado por la curiosidad de los aficionados al cine de género y a las rarezas de culto. No estamos ante un título que arrasara en los circuitos comerciales tradicionales, sino ante una propuesta de autoría singular que con el paso de los años ha ido encontrando su nicho entre los cinéfilos interesados en los experimentos formales extremos. La crítica contemporánea y posterior suele valorar la valentía de Richard L. Bare al arriesgar con un formato tan complejo, aunque coincida en señalar los límites y el agotamiento que genera su visionado continuado. Wicked, Wicked permanece así en la memoria cinéfila como un fascinante documento sobre los límites expresivos del lenguaje audiovisual en el thriller de misterio.

